20 hectáreas de quejigos calcinadas en monte comunal de Bujanda y Antoñana

Como una premonición, lo comenté con Inés hace una semana. Cualquier día de estos se desata un incendio y nos lleva el bosque. Hay que hacerse a la idea, son cosas que pueden pasar. Son ese tipo de accidentes que desencadenan una desgracia familiar. Y es que el quejigal del barranco de Sabando es un miembro más de la familia. Nos queda el consuelo de saber que los quejigos son un tipo de roble (quercus faginea) muy bien adaptado a los incendios. El bosque rebrotará, si no se vuelve a incendiar.

El alcalde de Bujanda, Fernando Foronda, de mi quinta poco más o menos, me comentaba que él es el sexto incendio que recuerda en esa ladera. Pese a ellos, todavía sobreviven varios quejigos centenarios. Soberbios, desafiantes, al tiempo que algo malheridos y bastante tullidos.

No estoy seguro del nombre de la pieza de la que surgió el fuego: el Majuelo, la Viña Vieja… Tengo que consultarlo. Luego se extendió por las Liendres (lindes con Antoñana) y subió por el barranco de Sabando hacia los Planos y el Matarral, amenazando con arrasar amplias zonas de Izki.

Un súbito cambio de viento, a las cuatro horas de declararse el incendio, evitó el desastre completo. Un bravo norte se sobrepuso heroicamente al pérfido sur, a eso de las ocho de la tarde. El fuego perdió fuerza y regresó a su origen para acabar. Con eso se evitó que las llamas calcinaran la ladera sur de la peña Soila, donde habitan varios árboles singulares de Euskadi, como el tejo milenario (el aguín), los tilos de roquedo centenarios, la castañeda de Antoñana, hayas, rebollos (e hibridaciones varias de roble albar y pubescente), avellanos, guindos, cerezos, robles americanos, abetos y otras especies de repoblación.

Halcones y cernícalos aprovecharon la oportunidad para cebarse sobre sus presas, como había observado el guarda de Araia. También vieron huir a corzos, tejones y raposos. Javier Iriarte, nuestro vecino de la calle de la Fuente, dijo que una manada de jabalíes habrá tenido que cambiar de cobijo, porque se refugiaban en ese barranco. Las otacas, los ginebros, los brezos, además de zarzales y helechales, hacían de ese lugar un bastión inexpugnable, hasta que las llamas han acabado con él.

Quercus faginea en la web:

Publicado en campezo

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